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El camino del éxito I: el pensamiento estratégico

  • Asier de Artaza

éxito genérico

Como vamos viendo artículo a artículo, tu éxito lo determinan, básicamente, la fusión de la calidad con la que eres capaz de gestionar la psicología humana y las competencias que dispongas para tu negocio, llamémosle Psicobusiness.

La psicología, además de servirte para maximizar la interacción con otras personas, te sirve muy especialmente para gestionarte a ti mismo; que es a lo que estamos en estas tribunas y que desarrollaremos en sucesivas publicaciones con diferentes alcances.

Aquí es donde viene lo interesante, que el gestionarte a ti mismo tiene una aplicación clara en tu alta productividad, es decir, en cómo gestionas tiempos y tareas, o, dicho de otro modo, cómo te gestionas para que tu tiempo dé el máximo impacto y además lleves una vida normal, no estresada. Porque para ser productivo debes tener una serie de procedimientos y consideraciones psicológicas en cuenta, e, igualmente, tienes que saber dirigir la atención e intensidad de tu mente de forma que obtengas el máximo rendimiento… ¡evitando la dispersión!

La primera parte en la gestión de nuestra actuación consiste en tomar decisiones sobre cuál es el resultado que queremos conseguir, es decir, fijarnos unos objetivos. Para ello debemos ser realistas, pero con un punto de ambición. Así que empezaremos por entender nuestra realidad con criterio, o, dicho de otro modo, conocer cómo es la situación en la que nos encontramos. Apoyándonos en el Psicobusiness tendremos precaución de no ser afectados por los fenómenos conocidos como la profecía autocumplida, y los errores cognitivos como la generalización, eliminación y distorsión de la información, entre otros; todos ellos propios del procesamiento mental humano, y que nos pueden restar mucha profesionalidad.

Fijación de una foto objetivo

Preparados para poder hacer un buen análisis de la realidad actual, empezaremos a remover información. Todo el proceso que abarcaremos en este apartado tiene como fin el poder construir una foto de la realidad futura deseada; que denominaremos nuestra foto objetivo, el cómo queremos ver el futuro. Y realmente esta fijación de fotos la podemos hacer sobre cualquier tema, ya sea de mayor o menor dimensión; y sobre los subtemas que componen un tema principal.

Para este análisis de situación miraremos dentro de las cuestiones que están a nuestro alcance; qué sabemos hacer, qué nos ha dado resultado, qué nuevas formas podemos poner en marcha, qué recursos tenemos a nuestra disposición... y también las que no están a nuestro alcance como los movimientos que están ocurriendo en diferentes ámbitos, cuáles son los intereses de terceras figuras, cuáles son las tendencias, y, en definitiva, todo lo que nos puede favorecer o dificultar conseguir nuestra foto futura.

Categorizar la información

El análisis nos aportará mucha información, puede que demasiada, por lo que haremos un compendio de todo y lo organizaremos por categorías de información, que denominaremos buckets. Las categorías serán aquellas que nos parezcan más relevantes para entender la situación y que tendrán las siguientes características: el ser claramente diferentes entre ellas; el contener información relevante relacionada con nuestra foto futura; o el incluir elementos homogéneos entre sí respecto a la variable de inclusión en la categoría. Así, en torno a esta clasificación de la información, nos encontraremos con los contenedores de información (buckets) que nos permitirán estructurar una información caótica en unos apartados que la hagan inteligible.

Seguiremos mejorando nuestros buckets de información, dándoles un nombre, describiendo lo que contiene cada bucket, ordenando sus elementos informativos respectivos en función de la importancia que tengan, y destacando de estos sus cuatro o cinco elementos más importantes.

La situación actual la tenemos muchísimo más clara; desde esta aproximación muy realista podremos plantear nuestra foto futura, el objetivo al que queremos llegar que será también realista, pero, como comentábamos, con cierta pizca de ambición.

Así que hemos conseguido hacernos con aquella situación caótica y dominarla desde sus aspectos clave. En definitiva, tenemos un resumen organizado con los cuatro o cinco elementos fundamentales de cada categoría, que será nuestro diagnóstico de la situación. Ahora tendremos dentro de cada buckets elementos con diferentes niveles de importancia, donde además podremos profundizar a menor nivel si se requiere. Todo un esquema sobre el que pasar a la hora de hacer nuestro “connecting the dots”, es decir la unión de datos clave que nos facilitarán el entendimiento y orientaran al decidir qué caminos tomar para que nos lleven a nuestra foto objetivo, es decir una elección con criterio de las estrategias a seguir.

Llegamos a otro elemento interesante en nuestro camino hacia el éxito, el carácter ambidiestro en términos de eficacia y eficiencia. Un súper ejecutivo tiene que tener la capacidad de combinar conductas exploratorias de nuevas oportunidades y de explotación de las disponibles, porque en ese equilibrio de conductas se maximizarán los resultados a corto y a largo plazo.

Al hablar de exploración, estamos refiriéndonos a un proceso creativo que nos permita salirnos de lo establecido, experimentar, buscar alternativas y asumir riesgos; algo necesario en procesos de innovación y mejora en su primera fase.

Con explotación hacemos mención a unas conductas que, dentro del proceso de innovación (o cualquier proceso de otra naturaleza), vendrían enmarcadas en de la fase de implementación. Estamos hablando de orientación a objetivos, establecimiento de rutinas, eficiencia, adhesión a las normas, alineación, evitación del riesgo...

Y, para establecer una buena diferenciación entre ambas, el concepto de “permisión de la discrepancia” es un factor nuclear, siendo el protagonista en el caso primero de la exploración y permanecer en la sombra en la explotación.

Dicho esto, tenemos que matizar, si bien cada tipo de conducta, exploración o explotación, son dominantes en cada etapa del proceso, creativo o de implementación, también son complementarios en una misma etapa, y ahí entra el carácter ambidiestro de la gestión de éxito. Digamos que estamos dentro de un proyecto en una fase creativa, donde necesitamos exploración, ¡y discrepancia!, “a tope”, pero no estamos obteniendo resultados, porque quizá las tareas en curso no están bien definidas y lo que necesitamos es una parada en el camino, y replantearnos cierta estructuración en esta fase; estaremos excepcionalmente introduciendo conductas de explotación en una fase tipo de exploración.

Y, por qué no, estamos ejecutando e implementando y podemos buscar alguna mejora en estas prácticas; entonces nos acercaremos fugazmente a la exploración de nuevas formas de trabajar; en este caso, extraordinariamente, nos acogemos a la exploración en un momento típico de explotación. La clave de la gestión ambidiestra en este sentido es tener la capacidad de, aun manteniendo la dominancia en cada etapa, tener la capacidad de cambiar en el momento adecuado, para pasar de un “modo” a otro, según la exigencia concreta de la tarea y la situación.

Con lo cual ya podemos crear nuestro plan para pasar de nuestra foto actual a nuestra foto futura en base a las estrategias que nos fijamos al entender lo que tenemos (lo que está a nuestro alcance) y hacia dónde evoluciona lo que no está a nuestro alcance, pero que nos afecta, es decir, qué oportunidades puedo aprovechar y ante qué amenazas debo estar cubierto. Como ya tengo la información, ya tengo el “poder” para decidir mis caminos y ejecutarlos de la forma más productiva, pero esto lo veremos en el próximo artículo.

Asier de Artaza. Director de www.yesmanagement.es y experto en Psicobusiness.