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Inteligencia Artificial: Brain Computer Interfaces y mejorar la vida humana

  • Jorge Díaz Cardiel

GMV Inteligencia Artificial

Muy pocos conocen esta tecnología. Pocas son las empresas que están trabajando públicamente en su desarrollo y la aplicación comercial tardará años en extenderse. Pero a los muy pocos que hoy tienen el privilegio de utilizarla, les ha hecho la vida infinitamente más llevadera.

Es el caso de un hombre -norteamericano- de mediana edad, que quedó totalmente paralítico de cuello para abajo debido a un accidente de tráfico. A principios de 2018 puede comer de su propia mano. Pudiere parecer un milagro. Por un lado, tiene implantados electrodos en los brazos, que estimulan los músculos. Lo mejor está por venir. El brazo no se movería si no se lo manda el cerebro. El paciente no puede hablar, pero sí pensar: gracias a un microprocesador implantado en su cerebro, sus pensamientos se convierten en deseos y éstos en órdenes al brazo. La actividad neuronal es la interface que conecta implantes en el cerebro con los electrodos en los brazos. En el caso de personas ciegas, los investigadores pueden saber qué imágenes ven y qué pensamientos pasan por su cabeza. En Estados Unidos hay una persona que hasta pilota una avioneta…, siendo completamente ciega. Pero BrainGate hace posible que vea. El caso se hizo famoso en América -el mes pasado- después que el piloto se ofreciera a pilotar el avión para periodistas de las principales cadenas de televisión americanas (ABC, CBS, NBC, Fox, CNN, MSNC, etc), que hicieron reportajes en directo del vuelo. Ni que decir tiene, “el vuelo levantó revuelo”.

Hasta ahora, habíamos visto implantes de piernas o brazos en veteranos de guerra de Estados Unidos, sobre todo Iraq y Afganistán (11 millones de veteranos). De muchos es sabido que, tras el combate y volver a casa, sufren de PTSD o, más sencillamente, una terrible forma de depresión que lleva, de media, a 35 veteranos de guerra -hombres y mujeres- a suicidarse todos los días. Pues bien, esta aplicación de inteligencia artificial identifica los síntomas de depresión que a los psiquiatras se les ha pasado por alto en los dos chequeos psiquiátricos obligatorios. Es posible reconstruir cuerpo y alma. Antes de ir a Estados Unidos el mes pasado, había visto la película The Ghost, protagonizada por Scarlett Johansson: un cerebro humano se implanta en un robot de apariencia humana que ha sido mejorado de tal manera que puede leer pensamientos o realizar acrobacias increíbles. De nuevo, Hollywood va a la par de lo que sucede en la vida real, sean guerras o crisis financieras.

Por ahora, solo 300.000 personas utilizan implantes como los de BrainGate. No es que las empresas no quieran más clientes, los investigadores más casos de estudio y no haya pacientes deseosos de mejorar su calidad de vida. Fácilmente, estas aplicaciones de inteligencia artificial pueden usarse en juegos de realidad virtual o, más aún, para controlar robots industriales con el pensamiento. Pero las aplicaciones más ambiciosas, las que mejorarían la vida de millones de personas enfermas requieren implantes que interactúan directamente con las neuronas, de las que el cerebro humano tiene 85 billones y solo conocemos algunas. Pasarán años hasta que la comercialización de esta aplicación de la Inteligencia Artificial sea masiva. Mientras, Facebook se contenta con desarrollar una aplicación que traduce el pensamiento en escritura en el ordenador. Kernel está invirtiendo cientos de millones de dólares en neurotecnología. Elon Musk (Tesla, Space X, etc) ha creado la empresa Neuralink, cuyo objetivo es que las personas se comuniquen telepáticamente.

Antes de las tercera y cuarta revoluciones industriales (Computación y Digitalización, respectivamente) todo lo más arriba escrito sería ciencia ficción. Hoy, sabiendo que casi todo es posible, nos preguntamos por las implicaciones éticas y morales que tienen estas aplicaciones de Inteligencia Artificial. Por supuesto que todos queremos vivir mejor y que la medicina nos cure. El problema es que podemos tomar decisiones rápidas sin saber o tener en cuenta las consecuencias. Cuando, en 2011, vi la primera entrega de la nueva trilogía “El Planeta de los simios” protagonizada por James Franco, que personaliza a un doctor que busca una cura para el alzheimer de su padre y, con buena intención, experimenta con monos. Todos conocemos la historia: al final los monos se vuelven extremadamente inteligentes, la “cura” encontrada -y que tan bien funciona a los monos- muta en un virus mortal para los humanos y los monos acaban dominando la tierra. Es una película. Traduzco un texto de BrainGate de este mismo lunes 8 de enero: “nuestros científicos han inyectado datos en las cabezas de los monos, dándoles órdenes para que lleven a cabo acciones vía descargas eléctricas.

No aceptaría el papel de Charlton Heston en la primigenia película “El Planeta de los simios”, ni aunque me regalaran un viaje a la luna. Porque, detrás de Facebook, Kernel, Neuralink, que buscan aplicaciones médicas, vienen los Amazon, HPE, HP Inc, Microsoft, Salesforce, Alphabet (Google), Apple, Intel, Sage y muchos más que están testando cientos de aplicaciones de distinta naturaleza, pero todas pertenecientes a la familia de la Inteligencia artificial.

Jorge Díaz-Cardiel. Socio director general de Advice Strategic Consultants