Acepto

COOKIES

Esta web utiliza cookies técnicas, de personalización y análisis, propias y de terceros, para anónimamente facilitarle la navegación y analizar estadísticas del uso de la web. Consideramos que si continúa navegando, acepta su uso. Obtener más información

El tsunami de la automatización del trabajo

  • Delfos Research

Huracán

Todo parece indicar que una nueva ola de automatización del trabajo va a tener como consecuencia una destrucción neta de empleo. Al menos es lo que se desprende de los últimos estudios publicados al respecto. Pero, de momento, sus efectos todavía no se están notando: ya debería estar dejando un rastro en unos incrementos de productividad que no terminan de llegar.

Los escenarios futuros son variados, aunque hay una corriente de futurólogos que vislumbran un futuro sin trabajo. De hecho, reputadas voces como la de Bill Gates o el Nobel de economía Robert J. Schiller ya se han posicionado a favor de la tesis del comité para asuntos legales del Parlamento Europeo que recomienda que “los robots” paguen impuestos para compensar el coste económico y social de la pérdida de empleo.

Algo difícil de aplicar dada la extensa tipología de robots. Basta asomarse a la ISO standard 8373 para hacerse una idea. En cualquier caso, se trata de una llamada de atención sobre los cambios que se avecinan en el mercado laboral.

El impulso más inmediato al cambio proviene de la robotización automática de procesos – RPA, en sus siglas en inglés- que centra su propuesta de valor en la ejecución de tareas rutinarias a partir de reglas predefinidas. Y que promete liberarnos de tareas de oficina tediosas. En consecuencia, aquel puesto de trabajo que consista en este tipo de tareas está amenazado.

Por otro lado, la inteligencia artificial y los sistemas cognitivos entran con una proposición de valor más elevada. Por ejemplo, los asistentes personales, dotados de inteligencia artificial, están siendo diseñados para hacer a sus usuarios más productivos. Además, algunas tareas podrán ser “disparadas” y supervisadas por algoritmos que se convertirán en nuestros nuevos “jefes”. Es decir, ni empleado ni “jefe” está a salvo de una mayor automatización de parte de su trabajo. Así, McKinsey calcula que un 45% de las tareas que actualmente realizan los CEO son susceptibles de una mayor automatización.

La automatización de momento se centra en tareas concretas, estamos lejos de desarrollar una inteligencia artificial general que nos sustituya por completo. Por tanto, el escenario que plantea es híbrido: humano y máquina se complementan. Desde esta perspectiva se pueden plantear opciones interesantes, como, por ejemplo, que se haga realidad la reducción de la jornada laboral de 40 horas semanales.

La decisión de cómo y cuándo lanzarse a la automatización por parte de cada empresa requiere un análisis de dónde tiene sentido aplicarla. Por ejemplo, habrá que tener en cuenta que toda esta inteligencia todavía no es infalible y también se equivoca, por lo que habrá que contraponer su probabilidad de acierto con los costes de fallo. Por eso mientras que para recomendarnos nuestra próxima compra cobran plena autonomía, en los diagnósticos médicos todavía requieren del juicio de las personas.

Lo que está claro es que la naturaleza del trabajo va a cambiar: este tendrá que ver cada vez menos que ver con la realización eficiente de tareas y más con gestionar excepciones y resolver problemas complejos en su contexto de negocio.

Mientras existan estos problemas tendremos trabajo. Eso sí, asistidos cada vez más por la inteligencia artificial y los sistemas cognitivos.

Delfos Research.