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Inteligencia Emocional y comunicación: !Son secundarios! (Y II)

  • Asier de Artaza

Caso de exito

Montados en el Psicobusiness, seguimos desarrollando conceptos de la Psicología para fusionarlos con la gestión del Negocio; y cogemos el testigo del anterior artículo en el que repasamos en profundidad los conceptos de emoción, inteligencia emocional y nos adentramos en la comunicación.

Antes de continuar, y haciendo un flash back a los temas tratados en el artículo anterior, vamos a fortalecer algunos de los conceptos vistos, que no son pocos ni sin importancia.

Recordemos, por ejemplo, las emociones; decíamos que las personas decidimos por emociones y justificamos por razones, lo cual puede parecer un poco exagerado. Pues no lo es. El término emoción, proviene de e–motion, y, sin alargarnos mucho, viene a ser como nuestro motor que nos da impulso, sin él no nos moveríamos, y otras facetas del pensamiento mental como la memoria no funcionarían. De los datos fríos y objetivos de los que partimos antes de actuar, hacemos cada uno nuestra propia lectura que nos genera un impulso, una emoción, un sentimiento que guía las acciones que tomamos. Y por actuar entendamos, comportarnos, decidir, generar una nueva opinión...

Respecto a la inteligencia emocional, le añadiremos que tiene dos ejes de gestión, nuestra inteligencia emocional y la de los otros. Recordemos que, si queremos producir un cambio en nuestro interlocutor, del tipo que sea, desde pensar diferente a actuar diferente, lo primero que debemos hacer es conocer qué representación mental tiene en su cabeza de lo que vamos a tratar. Éste es el punto de partida.

Lo siguiente será producir el cambio, mover su representación mental (A) a otra de tipo B y, para ello… ¿cómo se produce el movimiento?¡Eso es! Con las emociones, y, en este caso, con SUS emociones. Así que o tengo la capacidad de moverle con sus emociones y provocar otras posibilidades, o no lograré el cambio en mi interlocutor.

Respecto a las emociones a gestionar, serán aquellas que puedan empujar mis argumentos y alinearlos con sus factores de decisión. Resumiendo, primero detecto puntos de interés y creencias, segundo asocio estos dos elementos con las aportaciones que hacen mi propuesta (la opción B), tercero los comunico conectando con sus emociones…

Y como somos alumnos avanzados en Psicobusiness, a todo esto le añadimos que no sólo lo gestionamos entre él y yo; sino que incluimos, de forma más directa o indirecta, a aquellas personas que consideremos que tienen algún tipo de influencia en la decisión, o en el mantenimiento en el tiempo de la decisión.

Esto lo podemos hacer simplemente argumentando (desde sus emociones) sobre la satisfacción que tendrán esas terceras personas con nuestra opción, o sobre cómo la nueva situación le permite a nuestro interlocutor mejorar sus intereses respecto a lo que concierne a dichos terceros. Y, ya para terminar este párrafo, incluiremos también, entendiendo que esto tiene algún interés para nuestro colega, cierta aportación emocional de la contribución de nuestra opción a la estrategia y negocio con nuestra propuesta, cerrando el círculo del Psicobusines, Persona, Grupo, Negocio… ¿o es que las personas no están al servicio del negocio?

También cabe añadir que la gestión emocional no sólo depende de nuestra capacidad en el momento de detectar y retener inputs emocionales y modularlos racionalmente, para que no disparen actuaciones no racionales que con bastante seguridad no son efectivas.

También debemos considerar que para producir la respuesta emocional que más eficaz sea, también tenemos otros elementos que tener en cuenta, y que, en resumen, se basan en disponer de una línea base “emocionalmente sana”. Es decir, una serie de prácticas que de partida que nos fortalezcan y nos establezcan con una capacidad de gestión emocional y con un acotamiento de los límites de nuestra reacción emocional (involuntaria).

Cuestiones fundamentales para conseguir dicha línea base son, en primer lugar la positividad ante la vida, también la aceptación del diferente, comprensión de las personalidades, revisión de creencias, métodos de relajación, la sustitución de pensamientos (traslado de imágenes, recurrir a hobbies y practicas atractivas…), el mindfulness o atención plena, experiencias emocionales positivas (visualización o experimentación de éstas), y, sobre todo, una vida saludable (deporte, nutrición, sueño suficiente) y alternativas en la vida; es decir, que si el trabajo me falla, me desplazo a mi rol de amigo, de padre, de deportista, de miembro del club… de tal manera que mi mente pasa de un rol a otro sin quedarse anclada en el que puntualmente está en crisis, y quitándole su protagonismo, trascendencia e influencia emocional negativa.

Y llegamos al punto crítico de este artículo, de la segunda parte, y éste no es otro que el Punto de Perspectiva. Con este concepto trato de dar la máxima relevancia a las interacciones humanas, la inteligencia emocional es fundamental; la comunicación es la herramienta clave para poner en juego la interacción, pero todo ello está condicionado en su favor o detrimento por el punto de perspectiva.

El punto de perspectiva es la configuración mental, en su sentido más integral, con la que nos aproximamos a esa interacción. Es decir, es el primer punto en la cadena y el más potente, por lo que dependiendo de la calidad de éste tendremos que luchar más o menos con la inteligencia emocional; recordemos, control del estímulo, neutralización de éste y producción de un output diferente, al que realizaríamos sin dicha gestión emocional. También dependiendo del punto de perspectiva, nuestra comunicación requeriría más recursos y excelencia para compensar la línea que ya ha marcado el punto de perspectiva y está ejecutando la inteligencia emocional en un sentido u otro (tendencia al enfado, al miedo, al rechazo, a la alegría… ¡desmesurada!).

Por ello un punto de perspectiva de calidad nos asegurará una actuación más exitosa, y se basará en un estado mental automotivado, honesto, positivo, y sin ningún tipo de prejuicio o asunción previa. Por cierto, este último aspecto de mente abierta, sin preconcepciones, quizá sea el más importante. Así, con esta configuración mental plena y no parcializada por ningún criterio, afrontaremos la interacción con todos nuestros recursos disponibles, sin ninguna limitación y ningún marco. Esta perspectiva asegurará una inteligencia emocional, relajada, robusta y flexible; y una forma de comunicación natural, conexionadora, sincera y que no requerirá de esfuerzos extras para mantener las formas.

Y hemos llegado al final de este artículo, transmitiendo una vez más que el área de conocimiento que produce la fusión de la psicología con el negocio, el Psicobusiness, es la clave para maximizar la gestión de las personas orientada a obtener el máximo negocio. Siempre hablando de personas no sólo como empleados, directivos, equipos o colaboradores, sino también como proveedores, accionistas o clientes, prescriptores compradores, usuarios… porque todos somos personas e influimos en un sentido u otro en la maximización del negocio, que es para lo que estamos.

¡Hasta el próximo artículo! Y quedo como siempre a vuestra entera disposición para intercambiar impresiones sobre Personas y Negocio.

Asier de Artaza. Director de www.yesmanagement.es