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Inteligencia Emocional y comunicación, ¡son secundarios! (Parte I)

  • Asier de Artaza

felicidad, equipo

Seguimos con el Psicobusiness, y seguimos aportando valor a la actividad empresarial con los conocimientos de la ciencia centenaria de la Psicología, siempre aplicados al negocio desde una perspectiva de 360º, directivos, empleados, clientes, proveedores? ¡personas!

El caso es que llevamos desde los 90 hablando de Inteligencia Emocional, y desde mucho antes de la importancia de la comunicación, y, aun así, decenas de años después no hemos evolucionado en la capacidad de desenvolvernos en estas materias, en la proporción que cabría esperar.

Todavía escuchamos al tratar estas cuestiones, la necesidad de puesta en valor de la inteligencia emocional, como recurso crítico en la gestión de las personas y de uno mismo. Así que nos vemos en la necesidad de recordar qué son estas cuestiones para, posteriormente, profundizar y plantear nuevos y mejores hallazgos.

Para empezar, definir qué es una emoción podría ocuparnos toda la extensión de este artículo, así que tratemos de visualizarlo de una manera resultona. Emocional es aquello que surge de la parte de nuestro cerebro más primitiva y que nos lleva a la acción inmediata y de urgencia, (emoción, emotion, motion, motor…). Esta forma de proceder proviene de la necesidad de supervivencia que teníamos en la Prehistoria y mucho después también.

Lo que es emocional no es racional; aclarándolo un poco, no tiene un procesamiento lógico y reflexivo que analiza la situación, o decide las mejores opciones de pensamiento o comportamiento. Lo emocional simplemente sale lo que sale ¡y rápido! Así, como si tal cosa, y por la calle del medio... sin gestión mental.

¿Y por qué esto de tirar por la calle del medio? Pues porque gracias a esa parte primitiva cerebral, hace muchísimos años, tuvimos la clave de nuestra supervivencia… de los que sobrevivieron claro, los que no la tenían allí se quedaron.

Conclusión, el modo ganador fue el de “acción-reacción” que en la selva no hay tiempo para cotemplaciones del tipo “¿qué debo hacer? ¿Gritarle, o salir corriendo, o disimular que no tengo miedo? ¿Estará enfadado conmigo o con otro?”

Nada, con esa contemplación, o modo “acción-pensamiento-reacción”, obtendríamos un ñam–ñam inmediato. Ni tampoco para afrontamientos más sociales como “pero ¡hombre! Mi amigo el león, y ¿qué tal? No vengas enfadado compañero, que todos los días sale el sol”. Resultado… ñam-ñam.

Así que, ante un peligro detectado, en el que nos venía el animal a mordernos, teníamos dos opciones, o le mordíamos o salíamos corriendo cuan Ben Johnson dopado. Y eso era lo que pedía el “medio”, lo que te hacía tener éxito… vamos no palmarla en el “medio Selva”. La parte emocional del cerebro había hecho su gran aportación, ¡déjate de tonterías! No pienses y, o vuela o muerde tú primero en la yugular, a ver si lo neutralizas o le asustas. Cualquiera de las dos vale, ¡pero ya!

Claro, ahora el medio ha cambiado y hemos sustituido la frondosa selva por una diáfana oficina en las Torres Kio, con no precisamente una foto de Hakuna Matata en la pared, sino de la agradable cara del bisabuelo de tu actual jefe, y fundador de la empresa.

Entonces, ahora, el hecho es que cuando nos viene nuestro jefe, o director del departamento vecino, o presidente del comité, o subordinado oveja negra encolerizado con cara de león hambriento… lo de morder en la yugular o salir corriendo… pues como que no nos asegura la supervivencia en el “medio Torres Kio”.

Así que los mecanismos y formas de sobrevivir que nos dieron éxito durante tantas decenas de miles de años, se nos quedaron programados por defecto, y, como hemos visto, se basaban en reacciones emocionales, en acciones sin pensar. Éstas medidas de éxito nos las hemos cargado como las normas actuales de convivencia y civismo, las cuales no llegan a unos tres miles de años de existencia.

Conclusión, que, para funcionar ahora eficazmente, cuando te viene el típico encolerizado office lion, sí que vale el “hombre mi amigo el león, digo presidente del comité, pero ¿qué tal?... No vengas enfadado hombre, que todos los días sale el sol…”

Por lo que, en estos tiempos, toca el otro modo, el de pensar, parar la emoción, llevarla a un estado neutro, pensar racionalmente, y pensar nuestra actuación, que para nada puede ser atacar o huir, sino afrontar esa interacción, y como decimos muchas veces desde el Psicobusiness, toda interacción tiene potencial de llevar la situación a un plano superior si está bien gestionada, y ésa es nuestra responsabilidad como líderes. Por fin hemos conseguido definir y explicar el proceso de la inteligencia emocional.

Buff, primer concepto explicado, la inteligencia emocional. Venga, vamos de nuevo a por él: “me viene el input emocional, antes de que me dispare la emoción, la retengo, la gestiono quitándole impulsividad y orientación no habilitante, y produzco un output (nuevo pensamiento o comportamiento) eficaz para la situación y mis objetivos. Fin.

Vale, ¿y la comunicación que tiene que ver en todo esto?

Pues mucho, la comunicación verbal y no verbal es realmente la exteriorización, la puesta en escena en la realidad de lo que ocurre en la mente de una parte, y lo que hace que, al llegar al otro, lo que ocurre en la mente de aquél pueda cambiar. Así que casi nada. Porque conviene recordar que decidimos por emociones y justificamos por razones. Sí, no le des muchas vueltas, es así, y que las emociones se producen por nuestra interpretación de la realidad, y ésta interpretación depende de la información que procesemos, consciente e inconscientemente.

Con lo cual las emociones mandan, son el punto de partida, y es la interacción (comunicativa) la que tiene la capacidad de irlas modulando en una dirección u otra, y dándoles más o menos intensidad.

Con lo cual, la comunicación se convierte en otro eje fundamental de todo este juego, el potente artefacto que hace que las emociones del otro cambien es lo que nosotros le digamos en la emisión de la comunicación de nuestro mensaje y lo que el perciba en la recepción de nuestro mensaje, y viceversa.

Y para terminar con esta primera parte, nos encontramos que la realidad es complejísima y amplísima. Alguien dijo alguna vez que una imagen vale más que mil palabras, ¿entonces cuantas vale un vídeo? ¿Y una idea? ¿Y toda la información de la realidad? Así que nuestro pequeño cerebro hace lo que quiere, o lo que puede, y crea una representación de la realidad superpequeñita respecto a lo que ésta realmente es.

Cada uno hacemos nuestra pequeña representación de la realidad, con lo que la primera aportación de la comunicación es su utilización para captar, comprender, al máximo lo que tiene nuestro interlocutor en su cabeza, el cómo ha representado la realidad, cuál es su percepción.

Una vez conocida mejor su percepción, podremos acercarnos un poco más a una comunicación efectiva, que empieza por comprender de qué está hablando, cómo ve las cosas, qué quiere decir...

Luego, como aspecto destacado, tendríamos la forma en qué decimos las cosas, que es la parte absolutamente crítica, y donde intervienen las habilidades de comunicación, las técnicas de comunicación, la comunicación no verbal que ataca directamente al inconsciente, ese mecanismo que nunca para, y mucho más. Desarrollar estos conceptos sería salirnos de la extensión y objetivo de este artículo. Así que dejaremos para posteriores tal desarrollo para ir más allá y llegar navegando en el Psicobusiness al ¡Punto de Perspectiva! (Continuará…)

Asier de Artaza. Director de www.yesmanagement.es